Los movimientos fetales son los primeros signos perceptibles de la actividad del bebé dentro del útero. Sentir estos movimientos no solo genera una conexión especial con el bebé, sino que también es un indicador importante de su bienestar y desarrollo. Durante el embarazo, las madres suelen notar cambios en la intensidad, frecuencia y forma de los movimientos, especialmente a medida que el feto crece.
Qué son los movimientos fetales y cómo se producen
Los movimientos fetales son resultado de contracciones musculares voluntarias del feto y de su actividad natural de crecimiento. Estos movimientos incluyen patadas, estiramientos, giros y flexiones. Inicialmente pueden ser suaves, pero a medida que el bebé gana fuerza, se perciben con mayor intensidad y regularidad.
Normalmente, los movimientos fetales comienzan a percibirse entre la semana 18 y 22 en embarazos primerizos, y un poco antes, alrededor de la semana 16, en mujeres que ya han tenido hijos. Sin embargo, cada embarazo es único, por lo que estos rangos pueden variar ligeramente.
Para llevar un control exhaustivo de estos hitos, contar con el respaldo de los programas de Adeslas embarazo, permite acceder a especialistas y pruebas diagnósticas que aseguran que el desarrollo neuromuscular del bebé sea el adecuado en cada trimestre.
Durante el segundo trimestre, los movimientos se vuelven más coordinados y se convierten en un signo de desarrollo neuromuscular. Además, la posición del bebé, el líquido amniótico y la ubicación de la placenta pueden influir en cómo se sienten estos movimientos.
Primeros movimientos fetales: Cómo se sienten y cuándo aparecen
Los primeros movimientos se describen como mariposeo o burbujeo en el abdomen, y muchas madres tardan unos días en reconocerlos como actividad fetal. Este momento es especialmente emocionante porque marca la primera interacción física perceptible con el bebé.
En embarazos posteriores, las madres suelen identificar los movimientos más temprano debido a la experiencia previa. También es común que los movimientos sean más activos por la tarde o noche, cuando la madre está en reposo y puede concentrarse en percibirlos.
Aumento o disminución de movimientos fetales
Los movimientos fetales pueden variar a lo largo del embarazo. Un aumento de movimientos suele observarse cuando el bebé está activo o cuando hay cambios en la dieta o estímulos externos. Por el contrario, una disminución puede ser señal de que el bebé está durmiendo, aunque si se percibe una ausencia prolongada de movimientos, es necesario consultar al obstetra.
En el tercer trimestre, los movimientos suelen ser más fuertes debido al mayor tamaño y fuerza del bebé, pero pueden sentirse menos frecuentes si la posición fetal limita el espacio para moverse.

Contar y estimular los movimientos fetales
Contar los movimientos fetales es una práctica recomendada para monitorear la salud del bebé. Para ello, se sugiere:
- Realizar la cuenta durante momentos del día en que el bebé suele estar activo.
- Registrar la cantidad de movimientos percibidos en una hora.
- Consultar con el especialista si se percibe una reducción significativa o ausencia de movimientos.
Algunos métodos para estimular los movimientos incluyen cambiar de posición, ofrecer alimento al bebé a través de la madre (como un pequeño refrigerio dulce) o acariciar suavemente el abdomen.
Movimientos fetales en el tercer trimestre y cerca del parto
Durante las últimas semanas del embarazo, los movimientos del bebé se vuelven más fuertes y coordinados, aunque puede parecer que son menos frecuentes debido al espacio limitado en el útero. Es normal notar patadas más localizadas y estiramientos, así como movimientos en respuesta a sonidos o caricias.
En el momento del parto, los movimientos fetales cambian notablemente. A medida que el trabajo de parto progresa, el bebé se prepara para el nacimiento, y los movimientos pueden ser menos perceptibles pero siguen siendo un signo de bienestar.
Para llegar a este momento con total confianza y conocer cómo reacciona el cuerpo en las últimas fases, realizar una preparación al parto con Adeslas te ayudará a identificar estas señales y a sentirte más segura ante la llegada de tu hijo.
Preguntas frecuentes sobre movimientos fetales
¿Qué hacer si disminuyen los movimientos fetales?
Si notas una disminución significativa de los movimientos o ausencia de ellos, es importante contactar inmediatamente a tu ginecólogo o matrona. Podrán realizar un control mediante monitorización fetal o ecografía para asegurarse de que el bebé esté bien. Nunca ignores cambios en la actividad fetal.
¿Los movimientos fetales son iguales en todos los embarazos?
No, cada embarazo y cada bebé son distintos. La frecuencia, intensidad y patrón de movimientos varían según la edad gestacional, la posición del bebé y la experiencia previa de la madre. Es importante conocer los movimientos habituales de tu bebé para detectar cambios que puedan indicar un problema.
¿Es normal sentir movimientos fetales como espasmos o latidos?
Sí, especialmente en etapas tempranas, los movimientos pueden sentirse como mariposeo, espasmos o palpitaciones en el abdomen. Estos movimientos son normales y reflejan la actividad saludable del feto.
¿Cómo diferenciar contracciones de movimientos fetales?
Las contracciones suelen sentirse como tensión u opresión en el abdomen, mientras que los movimientos fetales son patadas, giros o estiramientos más localizados. Aprender a diferenciar ambos es clave para identificar signos de parto prematuro o cambios importantes en la actividad del bebé.
Para garantizar que tanto la madre como el recién nacido tengan la mejor atención desde el primer minuto, muchas personas eligen la protección integral de un seguro Adeslas Familia, que cubre las necesidades de salud de todos los miembros del hogar.
¿Cómo diferenciar movimientos fetales de gases?
A veces, los movimientos fetales iniciales pueden confundirse con gases o digestión. Los movimientos fetales suelen sentirse en áreas específicas del útero, son rítmicos y pueden aumentar con estímulos externos. Por el contrario, los gases tienden a ser más difusos y acompañados de malestar digestivo. Además, es frecuente que el sistema gastrointestinal esté más sensible en esta etapa, provocando molestias como la acidez en el embarazo, que puede dificultar a veces la percepción clara de los primeros “mariposeos” del bebé.